PAEZ, Agustina - CLASE 12
El tema del que más hablamos esta clase fue la resonancia,
entendida como muchas partes que se ‘’chocan’’ entre sí y producen reacciones
que afectan a un todo. Creo que la vida misma está llena de resonancia, porque
nunca estamos realmente solos sino que siempre estamos siendo afectados por
cosas ajenas a nosotros, ya sean personas o cosas o lugares. Un encuentro con
una persona que está de mal humor puede afectar tu humor para mal, encontrarte
con alguien que queres puede afectarlo para bien, incluso caminar por un lugar
lindo puede mejorarte el día. Siempre estamos ‘’chocando’’ con lo que nos
rodea, y eso causa reacciones dentro de nosotros mismos. Siempre estamos
reaccionando al mundo que nos rodea, de alguna u otra manera.
Dentro de la actividad de diseñar también hay mucha
resonancia, ya que para realizar un proyecto no solo tomamos nuestra
experiencia previa y los conocimientos que tenemos incorporados, sino que
también tenemos que escuchar a otras personas, como por ejemplo la persona que
está pidiendo el proyecto (sea un profesor o un cliente), y tomar decisiones
basadas en el diálogo que tenemos con los demás. Los proyectos en grupo tienen
todavía más resonancia, ya que requieren de un ida y vuelta constante para
poder tomar las decisiones necesarias para realizar el proyecto, porque no
depende solo de nosotros mismos, y puede ser frustrante, sobre todo al
principio de un proyecto, comunicar las ideas abstractas que tenemos. En esos
casos, el proyecto está siempre en constante resonancia entre las personas que
lo están realizando, ya que las piezas se van modificando a medida de que se
discuten con las demás personas.
También, dentro del diseño, la resonancia no solo viene de
las personas, sino también las cosas. Ver un cartel o un paquete bien hecho
puede inspirarte y hacerte pensar en cómo fue hecho, para entender mejor el
diseño. Una serie, una película o un libro pueden darte ideas, salir a caminar
y ver una flor que no conocías puede inspirarte a añadirla en el siguiente
proyecto. Nuestra cabeza siempre está encendida y siempre estamos observando el
mundo, y se puede conseguir inspiración de muchos lugares distintos.
Durante la clase hicimos un ejercicio donde nos sentamos a
distancia entre nosotros y primero cerramos los ojos mientras escuchábamos
música, y después teníamos que escribir sin parar lo que sea que se nos viniera
a la cabeza. Al principio me costó dejar la cabeza en blanco mientras
cerrábamos los ojos, pero después pude dejar ir a los pensamientos y relajarme
un poco más. También me costaba escribir sin parar porque me trababa y me
interrumpía a mí misma pensando en que escribir en lugar de dejar que fluya. Las
primeras cosas que escribí dentro del aula fueron pensamientos cortos y
desordenados, como por ejemplo ‘’me duele la espalda’’ y ‘’tengo entrega el
martes’’.
Me fue más fácil hacer el ejercicio cuando tuvimos que salir
del aula a buscar un lugar donde pudiésemos resonar y hacerlo de nuevo. Fui con
unx amigx hacia la parte de atrás del edificio de Exactas, y nos sentamos con
distancia para hacerlo. Me fue más fácil desconectar la cabeza y ahuyentar los
pensamientos en ese contexto, en vez de música se escuchaban muchos pajaritos
cantando y eso me distrajo. A la hora de escribir escribí sobre esa misma
experiencia, como me gustó relajarme un rato y no pensar en nada, aunque hayan
sido cinco minutos. También escribí que si bien me encanta la FADU como lugar,
con los años me acostumbré siempre a caminar por los mismos lugares y ver
siempre las mismas cosas, y no me quedo dando vueltas por Ciudad Universitaria
si no es necesario porque estoy más ocupada que cuando empecé la carrera. Pero
ese momento, de ir a un lugar tranquilo, lindo y que está a tan solo unos
metros de los lugares por donde me muevo dentro de la facultad, me hizo
acordarme a como me sentía los primeros días del CBC, cuando recién estaba
conociendo Ciudad y cuando terminaban las clases me quedaba un rato afuera
solamente a observar lo lindo que era. Pensé que debería hacer esto más
seguido, cuando tengo el tiempo, sentarme y solo observar.
Etiquetas: clase 12, Paez Agustina

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