martes, 1 de octubre de 2024

Sawaya María Sol - CLASE 7

 Reflexión individual: Problemas detonantes

En las últimas clases, estuvimos reflexionando sobre los problemas cotidianos y los llamados "problemas detonantes". Al principio, discutimos sobre qué diferencia a uno del otro. Un problema cotidiano puede ser algo simple o complejo, un obstáculo que surge de la rutina diaria, mientras que un problema detonante es algo más profundo, que provoca una transformación. Este tipo de problema nace de una duda o de una sensación de que algo debe cambiar, impulsando la búsqueda de respuestas o de una solución.

El detonante es una cuestión personal, que se entrelaza con nuestras experiencias, creencias y predisposición al cambio. A menudo, está ligado a momentos en los que algo nos sacude y sentimos la necesidad de actuar. Puede partir de una simple insatisfacción o de la incomodidad que nos genera una situación que parece no tener salida. Esta necesidad de buscar respuestas no es universal, ya que depende de cada persona y su contexto. Lo interesante de este concepto es que el detonante desencadena un proceso de exploración y descubrimiento, que inevitablemente nos lleva a un cambio.

En una de las actividades de la clase, nos pidieron identificar y desarrollar un problema detonante personal. Fue una tarea que me hizo pensar en cómo a veces no somos del todo conscientes de esos problemas hasta que nos enfrentamos a ellos de manera estructurada. Aunque muchas veces reflexionamos sobre nuestras preocupaciones, hacerlo de manera guiada con preguntas concretas resulta revelador. Esto es porque, a menudo, nuestro inconsciente trata de evitar esos momentos de cambio, tal vez por miedo a lo que descubriremos si indagamos en profundidad. Es común que nos aferremos a nuestras creencias y rutinas para evitar la incomodidad que surge al cuestionar lo que damos por sentado.

A medida que respondía a cada una de las preguntas del ejercicio, noté que se disparaban otros detonantes que no había considerado inicialmente. Esto me generó cierta confusión, ya que no estaba segura de cuál era realmente el núcleo del problema. Al compartir mi experiencia con el grupo, nos dimos cuenta de que muchos de nosotros enfrentamos una tensión entre los modelos con los que hemos crecido y las expectativas que tenemos ahora, tanto en lo personal como en lo profesional. Este choque de ideas, que muchas veces se da de forma inconsciente, refleja las influencias que tenemos desde la infancia, y cómo estas continúan afectándonos en nuestra vida adulta.

Durante la actividad grupal, pusimos en común nuestros detonantes y comenzamos a debatir sobre cuáles nos identificaban a todos. Algunos compañeros hablaron sobre problemas más técnicos, como los desafíos del diseño, mientras que otros mencionaron cuestiones más profundas, relacionadas con la presión externa y las expectativas sociales. En particular, nos dimos cuenta de que la mirada externa, la forma en que otros perciben nuestro trabajo y nuestras decisiones, tiene un impacto significativo en cómo abordamos nuestras tareas diarias y nuestras metas a largo plazo. Esta presión por cumplir con las expectativas de los demás puede llevarnos a desmotivarnos e incluso a sentirnos agotados.

En otro ejercicio de la clase, los profesores nos hicieron caminar por el aula mientras colocaban obstáculos en nuestro camino, como si representaran físicamente los problemas que enfrentamos en la vida. Este ejercicio me hizo reflexionar sobre cómo muchas veces, cuando nos encontramos con obstáculos, tratamos de rodearlos sin enfrentarlos directamente. Sin embargo, en algunos casos, la única forma de superarlos es confrontándolos y buscando una solución real.

Al final de la clase, compartimos nuestras conclusiones con los demás grupos y notamos que, aunque todos los problemas que habíamos discutido eran subjetivos, había un patrón común. Los problemas que nos afectan de manera más profunda suelen estar relacionados con nuestra identidad, nuestras expectativas y la forma en que los demás nos ven. Esto nos llevó a pensar en la importancia de distinguir entre los problemas que podemos cambiar y aquellos que simplemente tenemos que aceptar.

Me quedo pensando en que estos problemas siempre están y siempre estuvieron, no sólo en el ámbito profesional, sino en la vida de uno mismo. A través de este tipo de reflexión y análisis, podemos identificar mejor qué aspectos de nuestra vida necesitan un cambio y cómo podemos afrontarlos de manera más consciente y efectiva. Estos problemas suelen estar profundamente ligados a nuestra identidad, a nuestras expectativas y a las de los demás. A medida que avanzamos en nuestras metas, estas tensiones se manifiestan, obligándonos a cuestionar nuestras creencias y a discernir entre lo que podemos transformar y lo que debemos aceptar, creo que enfrentarlos es incómodo y desafiante, pero es justamente a través de la incomodidad que accedemos a una comprensión más profunda de nosotros mismos y de lo que queremos alcanzar.La introspección nos ayuda a reconocer la diferencia entre las barreras externas y las autoimpuestas, y entre los aspectos inmutables y aquellos donde tenemos margen de acción.

Así, el proceso de explorar estos detonantes y los cambios que pueden generar nos empuja a descubrir qué necesitamos realmente en nuestra vida y a amigarnos, por asi decirlo, tanto nuestras fortalezas como nuestras limitaciones. Cada problema que enfrentamos se convierte en una oportunidad para redefinir nuestras metas y para acercarnos a una vida más alineada con nuestras aspiraciones auténticas, reconociendo la posibilidad de cambio en lo que antes dábamos por estático y en aquello que nos incomoda.


Nota: N+

Muy bien! Relacionaste los distintos ejercicios que hicimos en la clase.

Elaboraste un discurso bien argumentado en base a los ejercicios de la clase.

Reflexionaste de manera profunda desde lo visto en clase y lo charlado con los compañeros.

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