jueves, 29 de agosto de 2024

Juan Bautista Blanco Pimentel - clase 2

 En la segunda clase nos toco construir un monumento arquitectónico usando solo papel e hilo. Aunque parecía sencillo, el proceso me sorprendió. Al no ser estudiante de arquitectura, me faltó conocimiento sobre arquitectura en general. Pero al tener varios amigos que estudian esa carrera ciertas palabras o conceptos se me venian a la cabeza.


Al principio se sintio raro parecia que no conectabamos mucho entre todos pero luego a medida que avanzo la actividad fue divertido, juntarse con gente que no hablé nunca aleatoriamente y congeniar para lograr el objetivo de construir, como sea, un monumento represente nuestra interpretación abstracta de la arquitectura. Estuvo interesantee dio casualidad que cada vez que alguno sugeria algo todos estabamos de acuerdo, osea inconscientemente estabamos conectados o imaginando algo similar

Al texto le falta volumen para poder evaluar mas en profundidad la reflexión de la actividad y del día en si.

(Correccion Clara Ruiz G)

La experiencia de construir un monumento arquitectónico solo con papel e hilo fue mucho más significativa de lo que esperaba. Aunque a simple vista parecía una tarea sencilla, el proceso de darle forma a nuestra interpretación abstracta de la arquitectura me sorprendió y me desafió. A pesar de no ser estudiante de arquitectura, contaba con algo de conocimiento por conversaciones con amigos que sí lo son y esos conceptos sueltos que recordaba fueron apareciendo en mi mente mientras trabajábamos. Me di cuenta de que, aunque no tuviera experiencia formal en la materia, tenía ciertas ideas o intuiciones sobre la estructura y el diseño

El inicio fue algo incómodo; sentí que estábamos un poco desconectados, como si faltara confianza o coordinación entre todos. Sin embargo, a medida que avanzaba la actividad, esa distancia se fue disolviendo y surgió una especie de sinergia en el grupo. Fue interesante compartir ideas con personas con las que no había hablado antes y encontrar puntos en común sin esfuerzo. De alguna manera, todos estábamos en sintonía; cada vez que alguien proponía una idea, había una aprobación casi instantánea, como si compartiéramos una visión similar. Parecía que el hecho de trabajar juntos hacia un objetivo en común nos unía.

Ese acuerdo casi automático, esa conexión silenciosa entre nosotros, me hizo pensar en cómo se crean las ideas colectivas, cómo surgen conceptos compartidos incluso entre personas con diferentes perspectivas. Sentí que, sin darnos cuenta, estábamos hablando el mismo "idioma arquitectónico", uno que iba más allá de las palabras y los conocimientos técnicos y que se encontraba en un nivel más abstracto e intuitivo.


Esta actividad me ayudó a entender que la arquitectura, y quizás cualquier forma de creación, es en parte un reflejo de la cooperación y de la capacidad de conectarnos con otros a nivel visual y emocional. El monumento que construimos terminó siendo más que una estructura de papel e hilo; fue una representación de nuestras ideas y de cómo, sin conocernos bien, logramos construir algo juntos.

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